La mirada humanista de Miguel Delibes al mundo empresarial
El ilustre escritor fue Catedrático de Derecho Mercantil de la Escuela de Comercio de Valladolid. Conoció el mundo económico desde dentro, pero escribió desde fuera. Su mirada crítica y humanista del progreso quedó plasmada en el artículo con el que participó en el libro «50 miradas al progreso de Valladolid», editado por la Cámara de Valladolid en el año 2008.

Miguel Delibes no fue empresario ni dirigente de la Cámara de Comercio de Valladolid. Pero entendió como pocos el mundo que esta institución representa. El escritor vallisoletano, Premio Cervantes y miembro de la Real Academia Española, tuvo una formación poco habitual para un novelista de su tiempo. Se formó en la Escuela de Comercio de Valladolid, un espacio estrechamente ligado durante décadas al tejido empresarial de la ciudad y a la propia Cámara. Allí aprendió contabilidad, derecho mercantil, lógica económica. Es decir, el idioma del progreso.
En 1945 ganó las oposiciones a la Cátedra de Derecho Mercantil de la Escuela de Comercio y comienza a ejercer como profesor. Según recoge la Fundación Miguel Delibes, fue precisamente el estudio de un texto de Joaquín Garrigues que tuvo que memorizar entones lo que acabó despertando su vocación literaria. Mientras tanto, empezaba a abrirse camino en el periodismo en El Norte de Castilla, donde terminaría siendo su firma más influyente.
Pero lo verdaderamente relevante no es ese origen, sino lo que hizo con él. Delibes conoció el sistema desde dentro, pero eligió mirarlo con distancia. Entendió las reglas del desarrollo económico, pero puso el foco en sus consecuencias. Su obra está atravesada por una pregunta incómoda: qué se pierde cuando solo se piensa en crecer.
El progreso que «calienta el estómago» pero «enfría el corazón»
Miguel Delibes formó parte del libro «50 miradas al progreso de Valladolid» que editó la Cámara de Valladolid en el año 2008. Coordinado por Aniano Gago esta obra recopiló textos de prestigiosos escritores y ensayistas para reflexionar sobre el futuro de la provincia. Fueron acompañados por ilustraciones de José María Nieto. En su artículo, Delibes renegó de la «clase de progreso que nos ha tocado vivir» y criticó el progreso porque «la máquina, por un error de medida, ha venido a calentar el estómago del hombre, sí, pero ha enfriado su corazón».
El escritor abogó ya entonces por una «estrecha armonía entre naturaleza y técnica». Proponía que las máquinas y la ciencia «se pongan al servicio del hombre y no a la inversa, como creo que ha ocurrido y está ocurriendo». Ya en esos primeros años del siglo XXI el mensaje de Miguel Delibes era nítido renunciando al progreso «si ha de traducirse inexorablemente en un aumento de la incomunicación y la violencia, de la autocracia y la desconfianza, de la injusticia y la prostitución del medio natural, de la explotación del hombre por el hombre y de la exaltación del dinero como único valor».
También aprovechó este artículo para insistir en una idea que recorre gran parte de su obra literaria. Explicó como los personajes de sus libros «suelen vivir en completa armonía con el medio natural y se rebelan contra ese desarrollismo falaz que inmola la naturaleza a la técnica, que depreda el campo y agosta». La reflexión de Miguel Delibes para un Valladolid que encaraba en este momento las expectativas del nuevo siglo fue una advertencia sobre como afrontar el futuro ante los costes humanos, sociales y ambientales que estaba suponiendo a escala mundial esa visión del progreso.
Foto: Fundación Miguel Delibes