“Cuando tú crees de verdad en tu proyecto, el cliente lo percibe y esa confianza abre puertas, dentro y fuera”
Con 67 años de trayectoria, Industrias José Luis Blanco se ha convertido en un referente internacional en maquinaria para la elaboración de churros. Socios del Club Cámara, destacan por su apuesta por la innovación, la escucha activa al cliente y una firme estrategia de internacionalización que ha llevado su tecnología desde Valladolid a más de medio mundo. Su gerente, Belén Blanco de la Cruz, repasa los hitos de la empresa familiar, los nuevos proyectos y la importancia de creer en el propio producto para abrir mercados.

Con más de 67 años de trayectoria, Industrias José Luis Blanco se ha consolidado como referente internacional en maquinaria para la elaboración de churros. ¿Cuál ha sido la clave de vuestro éxito como empresa innovadora?
La primera clave fue responder a una necesidad real en un sector que estaba muy atrasado. Se trabajaba con medios precarios y máquinas que no eran específicas para la churrería. Mi padre, viendo el esfuerzo de los churreros, decidió facilitarles la vida. Ese fue el germen de todo.
Él siempre decía: “Lo que hagas tiene que ser algo que no exista o que esté desatendido”. Esa frase define nuestra filosofía. Con el tiempo, ampliamos mucho más allá de la maquinaria: hoy ofrecemos un servicio integral para churrerías, incluyendo consumibles, formación y cursos. Pero el origen fue responder a una necesidad del sector.
Habéis recibido recientemente el Accésit de Internacionalización del Premio Pyme del Año de la Cámara de Valladolid. ¿Qué supone este reconocimiento y cómo puede impulsar vuestra proyección exterior?
Me hace especial ilusión porque reconoce un trabajo que hemos hecho de forma muy constante. En innovación y digitalización ya nos han premiado muchas veces, pero este premio recoge claramente el esfuerzo que hemos puesto en salir al exterior. Ha sido una de mis prioridades desde que gestiono la empresa.
Fabricamos máquinas que duran 30 o 40 años; si no sales fuera, el mercado se agota. Había que abrir nuevos horizontes, vender más y a más países. Y aquí la Cámara de Comercio ha sido fundamental.
Mi relación con la Cámara es muy buena desde hace años. Ellos me concedieron en su día el premio en innovación y después conseguí también el nacional. Pero este premio de internacionalización es especialmente significativo porque refleja ese proceso que hemos vivido: formarnos, profesionalizar la exportación y apostar por mercados internacionales.
La Cámara nos ha acompañado con asesoramiento, programas, misiones y apoyo en cada paso. Para una pyme, sentir ese respaldo es esencial. Te ayuda a no sentir que estás sola y a tomar decisiones estratégicas con más seguridad.

La innovación forma parte del ADN de la empresa desde 1958. Habéis desarrollado soluciones pioneras como la primera máquina automática de churros. ¿Cómo ha sido este camino de innovación constante?
La base siempre ha sido la relación directa con nuestros clientes. Escuchar sus necesidades nos ha guiado en cada momento. Así hemos ampliado la gama hasta tener más de 40 referencias, muchas de ellas con tecnología avanzada.
Desde 2009 incorporamos pantallas táctiles para manejar las máquinas automáticas, algo pionero entonces. También desarrollamos la primera máquina automática de churros de lazo, que hasta ese momento se hacían a mano. La innovación está en todo: en productos, procesos y proyectos.
Tenéis proyectos previstos para este año. ¿Podéis adelantarnos alguno y explicar cómo se alinean con vuestra estrategia de innovación?
Ahora mismo los proyectos que tenemos para este año son, sobre todo, internos, aunque muy estratégicos. Están centrados en la organización de la producción, en seguir mejorando procesos y en introducir herramientas que nos hagan más eficientes y sostenibles. Puede que desde fuera no se perciba directamente, pero para nosotros supone un salto importante.
En esta línea, también estamos explorando nuevas tecnologías —incluida la inteligencia artificial— para optimizar tareas, anticipar necesidades de mantenimiento y mejorar el control de calidad.
Y, además, continuamos con proyectos de innovación más vinculados al producto, como el que estamos desarrollando junto a una universidad para mejorar harinas y materias primas. Dentro de ese proyecto hay una parte dedicada a los churros sin gluten. Creemos que este segmento puede tener un gran potencial de crecimiento en un mercado que cada vez tiene más demanda de este tipo de productos.
La innovación para nosotros no es solo sacar máquinas nuevas: es mejorar por dentro, por fuera y en cualquier área donde podamos aportar valor.

José Luis Blanco es una empresa familiar. ¿Tus hijos continúan el legado y cómo participan en la gestión del negocio?
Sí. Mi hijo se incorporó en 2016 y mi hija en 2021. Él está centrado en desarrollo de producto, cursos, harinas y materias primas. Ella en el área de producción. Tienen formaciones distintas —Comercio e Ingeniería de Organización Industrial— y eso crea un tándem muy interesante para la continuidad de la empresa.
El abuelo está encantado. Él creó este negocio sin imaginar que acabaríamos dedicándonos exclusivamente a este nicho. Que ahora sus nietos recojan el testigo es una enorme satisfacción para él.
Vuestra experiencia internacional ha llevado la empresa desde Valladolid al mundo. ¿Qué consejos darías a emprendedores que quieren crecer y expandirse fuera?
Lo primero es apoyarse en instituciones como la Cámara de Comercio. En mi caso, entrar a finales de los 90 en el plan PIPE fue decisivo. El programa nos dio formación, herramientas y un acompañamiento que nos permitió profesionalizar la exportación.
Entonces exportábamos solo el 5%. Hoy es casi el 70%. Ha sido mucho trabajo, pero también mucho respaldo institucional. También hemos accedido a ayudas de ICEX y otras líneas fundamentales.
Y, sobre todo, confía en tu producto. Cuando tú crees en él, transmitirlo al cliente es muchísimo más fácil. No estás vendiendo solo una máquina: estás vendiendo una manera de trabajar, una forma de hacer las cosas, una política empresarial basada en la calidad y en los valores.
Cuando tú crees de verdad en tu proyecto, eso llega. Y el cliente lo percibe. Esa confianza abre puertas, dentro y fuera.
